Otavalo, Ecuador. 
Para conmemorar el recuerdo de los fieles difuntos, los indígenas preparan diferentes alimentos, especialmente el plato preferido del difunto y acuden al cementerio a tempranas horas de la mañana. Colocan coronas y tarjetas sobre la cruz. Posteriormente sobre la tumba ponen una batea llena de alimentos (arroz, papas, fréjol, tostado, mote, carne, plátanos oritos, aguacates, guaguas de pan, colada de churos, champús, entre otros alimentos) con el propósito de que el difunto disfrute de los mismos. Los indígenas llevan porciones extras de alimentos que degustan y comparten con el resto de personas que se encuentran alrededor de la tumba. Luego varios miembros de la familia empiezan a relatar todos los acontecimientos importantes que han ocurrido durante el año o durante la ausencia de la persona querida, con el objeto de que el fallecido conozca todo lo ocurrido. Los indígenas permanecen todo el día orando con la bendición del sacerdote que celebra la misa en el cementerio, pidiendo el descanso eterno de las almas de todos los difuntos.